Se acerca el 20 de Noviembre, y llevo un año más político que de costumbre; desde el tema del 15M procuro informarme un poco más, procuro entender qué pasa a mi alrededor y dejar de hacer la del avestruz.
Yo antes de todo esto, era abstencionista, y era abstencionista porque tenía mis motivos; para ser sinceros, era abstencionista la gran parte del tiempo, hasta que conocí a la que hoy es mi mujer y me dejé convencer para de cuando en cuando, jugar a eso de ir a votar. No duró mucho el convencimiento, porque volví a la senda de la abstención con más ganas que antes.
El por qué de mi abstencionismo es fácil de resumir, y supongo que será el mismo motivo que lleva a la abstención a tantos: los políticos, son todos lo mismo; si voy a votar les sigo el juego; mi voto no sirve para nada; no me siento representado por nadie; son todos unos putos ladrones que buscan el reconocimiento de unos pocos o unos muchos, para engordar sus bolsillos y sobre todo, su enorme ego.
Supongo que todas estas razones, cuando salían de mi boca por aquellos años, tenían adornos alrededor, palabras de esas que dan a lo que quieres decir un peso y un poso de importancia, pero en resumen, mis motivos se reducían a lo dicho en el párrafo anterior. Me valían, me eran suficientes, rezaba (no, no rezaba, es una forma de hablar, ya lo sabéis) porque la gente estuviese igual de harta que yo, de que la abstención fuera tan significativa como para invalidar las elecciones, una y otra vez, una y otra elección, algo que obligase a cambiar el sistema, que forzase a los políticos a currar para los votantes. Pero no, nunca ocurrió, nunca pasaba, nunca la abstención era tan alta, y una vez tras otra me quedaba con un palmo de narices, viendo como la noche electoral, los mismos gilipollas de siempre, que siempre eran distintos, daban saltitos de alegría, como hacen los críos cuando están supersupersuper emocionadísimos por algo, claro que eso hacía que me preguntara, cómo era posible que estuviesen tan pletóricos de felicidad, con lo mal que estaban las cosas siempre, y con todo lo que tendrían que currar para sus amados votantes (y para los otros, ya que cuando uno es presidente, he oido que gobierna para todo el mundo)
El caso es que nunca se dio una abstención tan enorme, y el desencanto ante esta situación y la hartura ante la misma, me hizo el plantearme jugar a su juego, ya que no éramos, no somos tantos, los que rompemos la baraja. El motivo es muy simple, hay votantes de los dos partidos mayoritarios en el estado español, y votantes tanto en Catalunya como en Euskadi, que votan siempre siempre de los siempres forever a sus partidos, que no dejan de hacerlo aunque se les esté cayendo el cielo encima, por lo que nunca se da una mayoría abstencionista suficiente, o sea que nuestro gozo en un puto pozo, pero profundo, muy profundo, tanto como la obsesión de ser de unos o de otros, a muerte, a muerte siempre, sobre todo si es para ir en contra del otro… mierda de pais, oiga.
Como la abstención nunca es suficiente, buscando y sobre todo encontrando por ahí, vi que lo único que puede dar un poco o mucho por culo a esta gente (a los políticos en general y a los partidos mayoritarios en general) es ir a jugar a su juego, participar de su teatro, pero claro, no de la manera que ellos quieren, no votándoles a ellos. Votemos, sí, pero a otros, a los minoritarios, a Equo, a Amaiur, IU, el partido del Karma o a su puta madre, votemos nulo, que mola más, eso sí es ir a decir ninguno de vosotros me representa, que aparezcan miles y miles de votos nulos, que aparezca en las urnas, bajo su teatro de la democracia, lo que ellos se niegan a ver y reconocer, que la mayoría de la gente está hasta los huevos de esa nueva clase social que vive muy por encima y al margen de la sociedad: los políticos.

"si te apetece votar nulo de manera original, descarga e imprime esto y lo metes en los sobres para votar"
Al fin y al cabo no es algo nuevo. Muchas veces hemos aceptado jugar sin que nos gusten las normas, porque jugando hemos aprendido a beneficiarnos de esas normas. En telefonía lo hacemos. Todos sabemos que las compañías telefónicas hacen lo que les sale de sus santos huevos con los usuarios, que las ofertas sólo son para los nuevos, que hay que firmar contratos de permanencia sí o sí, y no nos gusta, no nos gusta un pelo, pero lo hacemos, y de tanto hacerlo, y de haber aprendido a cómo hacerlo, ahora vamos como las abejas, de compañía en compañía, de año en año, cambiando a las nuevas y mejores ofertas, jugando con sus reglas, que no nos gustan, pero intentando salir lo menos perjudicados gracias a ellas.
Así es como me lo planteo hoy en día: yo fuí abstencionista, pero de tanto que lo fuí, de tanto ver que romper la baraja no me llevaba a ninguna parte, me planteé dejar de serlo, y así lo hice; no me gusta el juego de la democracia que se han montado, pero ya que si me abstengo, sólo voy a ser un mero dato mientras los de siempre saltan como los niños para celebrar victorias de ilusionista, al menos voy a intentar hacer algo diferente, algo nuevo, esperando que la gente vaya a votar, lo que sea, esta vez ni votaré en blanco ni me abstendré, para ver si por una vez, los de siempre pierden, o si no pierden se acojonan, y si no es esta vez, la siguiente o la siguiente, hasta que esto cambie.
Sí, yo fuí abstencionista, pero el 20 de Noviembre no romperé la baraja, sólo jugaré a mi modo con sus reglas, muy buenas tardes, arratsaldeon!




