Bien, sentado delante de esta pantalla; tengo que anotar todo lo que se me va pasando por la cabeza, claro, luego pasa que al sentarme ya no recuerdo. Sólo recuerdo lo que siento, y siento desasosiego, un cabreo importante, hartura por escribir con el freno de mano echado, bajo de moral por momentos, ilusionado de cuando en cuando, e intentando ser buen padre el resto del tiempo.
Desasosiego, cansancio, por no poder tener un puto euro en condiciones, por no llegar a fin de mes sin agachar las orejas, avergonzado porque no me queda otro remedio, enviando currículos aquí y allá, a todas partes, sin importarme el tipo de trabajo, porque hace mucho tiempo que no puedo exigir, sólo me toca esperar, esperando no desesperar, jardinero, jefe de obra, peón, repartidor, arquitecto, reponedor… Tiene huevos, sabiendo con cierta certeza que no llamarán, demasiada gente, un currículo demasiado para algunos trabajos y demasiado poco para otros, y mientras los niños en casa, que eso sí, a ellos nunca les falta nada, nunca les faltará, de una manera u otra; pero el desasosiego según pasa el mes crece y crece; creo y confío en que el ciclo vuelva a cambiar. En la vida vivimos ciclos, sólo hay que saber reconocerlos y cogerlos, como esas cintas de las que hace tiempo me hablaron, cintas transportadoras que te llevan donde quieres.

That's the way they want it... Ahora que lo pienso, mejor nos iría...
Son momentos de apatía, rodeados de impotencia, de mala leche y de escepticismo. Siento un cabreo importante con todo lo que me rodea, con el sistema de vida que nos ha tocado vivir. Nacemos con una tarjeta de identificación, que nos es asignada dependiendo del lugar en el que lo hacemos, y lo más descacharrante de la historia, es que es puto azar, suerte, buena o mala, eres musulmán, cristiano, budista, artista de la pista, ateo guapo, feo, europeo, asiático, del tercer mundo del primero o del puto inframundo, sólo por AZAR; eres capitalista, o menos capitalista (eso sí, el capitalismo es común para casi todo el mundo) o eres blanco, negro, amarillo, rojo o del color de la aceituna, como Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de…bueno, ya sabéis. Un dedo untado en polvo mágico te pone en un punto, y vives de acuerdo con lo que te rodea, y todo sería genial, si aquello que te rodea te permitiera dudar, criticar, reconstruir, negar, aceptar, porque eso sí, en casi cualquier lugar en el que te pongan, lo que seguro podrás hacer es afirmar, asentir, aceptar, poquito más.
Vaya mierda de post, y todo esto pasa señores, por no apuntar lo que va pasando por mi cabeza, tanto en casa como en el autobús; quería hablar del comunicado de ETA, pero ya hay periodistas y políticos tremendamente cualificados que lo hacen por nosotros, pobres ignorantes que no sabemos de hablar ni de decir; quería hablar del 20N, que creo que debe de ser el nuevo fichaje del Madrid, porque todos sabemos que pasará el 20N a no ser que la noche anterior se abra el cielo y tengamos una revelación; quería hablar de la crisis, what crises? porque el invento este de la crisis se les está escapando de las manos a los señores de los dineros, o eso, o les está saliendo la jugada redonda (me importa una mierda, hace tiempo que me dejó de importar, desde que comprendí que la banca siempre gana); en fin, que quería hablar de muchas cosas y se me ha quedado el post en una nada, en una nada muy grande, y como no venga un niño desde el planeta Tierra a dar un nombre a nuestros sueños, me da que se va a ir todo el mundo a tomar por culo, así mismo.
Ea, que para escribir mamonadas de este estilo, está mejor uno escuchando música en paz, muy buenas noches.





