El gipuzkoanismo bien entendido, según opiniones escuchadas por el que escribe, es la habilidad de permanecer siempre en la zona templada, no decir que sí, ni decir que no; encogerse de hombros y ni siquiera decir un no sé (eso es signo de ignorancia). Un buen encogimiento de hombros es una señal de me importa un carajo, es una señal de tengo mi opinión pero no quiero que tú precísamente la sepas; en un buen gipuzkoano es una señal de equilibrio, ni blanco ni negro, ni sí ni no, en el medio se está tranquilo, goxo, goxo, sin derechas ni izquierdas, goxo, goxo, ni arriba ni abajo, eso es lo malo, que ni arriba, ni abajo, nos acaban poniendo de media vuelta para ser sodomizados, eso sí, goxo, goxo.

Aquí me surge una duda referente a mi persona. Siempre he sido un fan de lo gipuzkoano, no un fan a muerte, como esas fans de yustin biber, no un forofo del madrid o del barsa, pero sí un fan de lo gipuzkoano, de esas cosas como las camisetas txuriurdin, Arconada, la playa de La Concha, el monte Igeldo,
Jaizkibel, Hondarribia (de hecho, me doy cuenta que soy fan de la zona costera de gipuzkoa, de sus pintxos y de su olor a calamares a la romana un domingo al mediodía) ¿quiere esto decir, que irremediablemente estoy en el medio, sin frio ni calor, ni ganas de cubrirme con una manta? ¿quiere esto decir que disfruto de la sodomización de ser gipuzkoano? pues mire oiga, tal vez sea así, pero la verdad es que empieza uno a sentirse cargado y cansado de ser un sujeto pasivo, de ser tan gris que me confunden con el color medio del cielo en Gipuzkoa.

Hay días en los que uno se levanta con un poco de calor en el cuerpo, y se dice: cojones, qué ganas tengo esta mañana, de poner a parir al gobierno, al vasco, al español, al francés, al sistema capitalista y a los bobos que se quejan de lo mal que están las cosas, mientras empuñan en su mano derecha un móvil de última generación y te hacen la señal de “espera que estoy hablando con mi super móvil” con su mano izquierda. Alguien me podrá decir: “oye, tú, gipuzkoano renegado de mierda, lo que te pasa es que te pudre la envidia” – y podría ser, sí, si no fuera porque no lo es, así, llanamente, es que me he levantado así, como de caliente, como cansado del color gris de mis brazos y de mis palabras, que quiero decir que estoy un poco más que hasta los huevos de que los catalanes monten un referéndum sobre independencia y que aquí se arme la de dios es cristo por plantear el tema (eso sí, tienes que oir a los tertulianos de turno aquello de que no es momento para tal y cual, de que es sólo un referéndum, de que si la independencia como elemento de discordia, de que si la independencia como elemento opaco y conjunto vacío, anda y que les den pol culo)
Que sí, que quiero que me dejen decidir si soy hombre o mujer, si soy, de aquí, de allí o si no quiero ser de ninguna parte; que quiero decidir dejar de pagar a un banco, que este puto sistema castigue a los usureros que se llaman cajas de ahorro; y que me las piro que es hora de trabajar un poco, aunque tarden más de un mes en pagarme las horas de trabajo invertidas, que no es más deudor el que menos tiene, sino el que tiene más apego al gasto supérfluo… Voy a ver si en estas horas decido ser un poco menos gipuzkoano y empiezo a decir lo que pienso en vez de encogerme de hombros… o no…





En toda parte del mundo siempre esta machacado los publicos,