Y es que matar sueños el ilusiones es tan fácil, tan fácil; es casi tan fácil como aplastar hormigas con el pie, o cogerlas entre los dedos y aplastarlas, cosa que tantos y tantos niños hacíamos hace tanto y tanto tiempo, aún no sé por qué; sin más, creo que no éramos del todo conscientes de lo que estábamos haciendo; tal vez sí que teníamos una ligera idea, pero no creo que fuéramos lo conscientes que podemos ser ahora, al menos muchos de nosotros, ya que según enciendo la radio por las mañanas, o veo las noticias a eso de las dos y media de la tarde, parece que hay aún muchos niños grandes por el mundo, matando hormigas con sus armas de destrucción más I.V.A… Ellos sabrán por qué, o no, pero ya estoy divagando de nuevo, decía lo fácil que es acabar con los sueños y las ilusiones, y lo ridículamente fácil que me resulta nublar mi mente, nublarla, esa es la palabra, nublar la mente, cuando el responsable de alguna fatalidad, cuando el causante de dolor, cuando el culpable soy yo, entonces hago como los pulpos, como los calamares, y lanzo un chorro de tinta en mi cerebro, un chorro de tinta que lo nubla todo, un chorro de tinta que oculta cualquier signo de arrepentimiento, cualquier signo de debilidad, o lástima por los sueños rotos y las ilusiones asesinadas, todo por no querer saltar de mi sofá, y pensar: qué coño, lo mismo no está tan alto, lo mismo puedo alcanzar el otro lado… Pero es tal la capacidad de nublar los sucesos y las penas en mi mente que tengo, tal la capacidad, que me asusta, y me asusta porque gracias a ella, podría olvidarme de que vivo en un Mundo Geométrico, y de que tengo la oportunidad de ir donde quiera, cuando quiera, como quiera, sin que nadie me lo impida… Aún hoy me pregunto, y me lo preguntaré durante mucho tiempo, si esta capacidad no tiene que ver con la experiencia, con las experiencias que he ido viviendo a lo largo de estos 35 años, tal vez, tal vez…




